La importancia de conocer la anatomía facial.

Para mí, como médico estético, es de vital importancia mantenerme al día en el conocimiento de la anatomía facial. En realidad es el único modo de minimizar el riesgo al realizar procedimientos. Ya lo decía mi admirado y recordado profesor, el reputado Catedrático de Anatomía, doctor José Francisco Rodríguez Vázquez: la anatomía hay que estudiarla diariamente, porque se olvida.

Con objeto de mantenerme al día, procuro repasar algunos atlas de anatomía y seguir las indicaciones del maestro Tim Pearce, que se resumen en los siguientes puntos.

Comprensión de la anatomía labial

El primer problema con los labios se encuentra en el desconocimiento de la posición que ocupa la arteria labial superior. Los libros nos muestran rutinariamente la arteria extendiéndose ligeramente por encima o dentro del borde bermellón, que se encuentra debajo del músculo orbicular de la boca (60% de las veces). Pero, en ocasiones, la arteria se sitúa dentro del músculo ( 35% ), y ocasionalmente por encima ( 5% ). Es más, entre un 2-3% de la población tiene una arteria pulsante en el borde húmedo y seco del labio.

Comprender la anatomía de la barbilla.

La anatomía de la barbilla puede llegar a ser complicada. En realidad no es tan fácil de tratar como se podría pensar. Hay dos vasos principales a tener en cuenta al inyectar la barbilla para un procedimiento de aumento: la arteria mentoniana y la arteria submentoniana. Naturalmente también debe tener en cuenta la arteria labial inferior al acercarse a este área. Sin embargo, el enfoque principal lo mantengo siempre en la arteria submentoniana.

La arteria submentoniana se origina como una rama colateral y cervical de la arteria facial, que corre bajo la mandíbula y se curva para suministrar sangre a la parte anterior de la barbilla. Y no solo eso, además, la arteria submentoniana  suministra riego a algunas estructuras muy importantes en el cuello a medida que lo atraviesa. En algunas personas existe una anastomosis entre la arteria sublingual y la arteria submentoniana, lo que podría complicar su localización.

Es importante tener en cuenta este aspecto de la anatomía porque, si estás inyectando grandes volúmenes de productos de relleno, algo común en el aumento de mentón, en teoría, podrías afectar el suministro de sangre a la lengua si se ocluye o compromete la arteria submenoniana.

En resumen, inyectar el rostro de un paciente no es algo que se pueda hacer sin tener clara, tremendamente clara, la anatomía facial. El riesgo de ocluir una de las arterias existe pero podemos reducirlo considerablemente con un conocimiento exhaustivo de la zona.